Warning: array_shift() expects parameter 1 to be array, boolean given in /htdocs/public/www/config/ecran_securite.php on line 283 Géminis Papeles de Salud - Dr Marino Pérez: “La industria farmacéutica es la principal beneficiaria del invento del TDAH”

Número aproximado de visitas a este artículo: 504

Sara B. Peña, Asociación Vida Sana, 13 octubre 2015

Dr Marino Pérez: “La industria farmacéutica es la principal beneficiaria del invento del TDAH”

El catedrático Marino Pérez, autor de «Volviendo a la normalidad» [1] que participa como ponente en BioCultura Madrid en una jornada dedicada a las enfermedades mentales en la sociedad actual [2], asegura en entrevista realizada por Sara B. Peña que no hay biomarcador cerebral que justifique el Trastorno por Déficit de Atención (TDAH). Lo del TDAH no está claro, o demasiado en lo que atañe a la industria farmacéutica y sus altavoces mediáticos. Además de dicha entrevista, editada en Vida Sana, recogemos el artículo “Efecto de los ácidos grasos esenciales de cadena larga como agentes para el tratamiento del Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) [3], donde Sandra Jarrin Motte y Jaime A. Yanez apuntan como posible causa del TDAH, entre otras, “la deficiencia de ácidos grasos esenciales de cadena larga” (los omega 3), “como el ácido eicosapentaenoico (EPA) y ácido docosahexaenoico (DHA), ácidos grasos que son considerados indispensables para el organismo, principalmente debido a la acción bioquímica que realizan a nivel cerebral”. Motte y Yanez llevan a cabo una revisión bibliográfica y de estudios que muestran la eficacia de estos ácidos grasos esenciales para paliar y/o tratar los problemas de aprendizaje y conducta cada vez más frecuentemente etiquetados de TDAH. Sin olvidar el papel de la melatonina [4] para abordar los problemas del sueño en niños, para quienes es una alternativa eficaz y segura frente a la utilización de fármacos tradicionales [5].

Dr Marino Pérez: “La industria farmacéutica es la principal beneficiaria del invento del TDAH”

Te defines como conductista radical. ¿Puedes expresar tu manera de entender el conductismo?

Para mí el conductismo significa entender todos los fenómenos psicológicos, incluyendo el llamado mundo interior o eventos privados (típicamente sentimientos y pensamientos), en términos contextuales: en relación con los contextos en los que se aprenden y tienen las funciones que tienen. Valdría decir también en términos ecológicos. El adjetivo “radical” aplicado al conductismo se malentiende cuando se entiende como negación o rechazo del mundo interior. Este rechazo lo hicieron algunas versiones del conductismo por razones metodológicas, al considerar que el mundo privado no es observable y por tanto no sería apto para la ciencia. Pero el conductismo radical fundado por Skinner es radical precisamente por no excluir el mundo privado sino, al contrario, por estudiarlo por derecho propio, porque de hecho es observable. Su peculiaridad es que solo es observable para una única persona: el que está teniendo tal o cual experiencia. La cuestión es ver entonces cómo la sociedad enseña a los individuos a dar cuenta de su mundo privado y cómo éstos aprenden a hacerlo. Así, radical significa también ir a las raíces de los fenómenos psicológicos. Y estas raíces radican en el contexto de la cultura y de las prácticas sociales, empezando por la socialización y la educación desde la infancia. Otro aspecto distintivo del conductismo es el estudio de la conducta como objeto de la psicología y no la mente, el cerebro, la conciencia o el inconsciente. El conductismo radical continúa hoy bajo la denominación de contextualismo funcional, un nombre más afortunado.

Valoración del cognitivismo

¿Cómo valoras la evolución del cognitivismo?

Ciertamente, no lo valoro como un progreso de la psicología, por tres razones. En primer lugar, por su recaída en el dualismo, al suponer una mente interior (un fantasma en la máquina) que representa el mundo exterior, reduciéndolo a una representación mental. En segundo lugar, por su concepción mecanicista del funcionamiento psicológico al adoptar la metáfora del ordenador y el procesamiento de información como modelo de la mente, como si fuéramos ordenadores con patas y brazos. En tercer lugar, por su alianza con el cerebrocentrismo, al tratar de sustentar la mente en el cerebro, reduplicando el dualismo y el mecanicismo (una máquina en la máquina). De todos modos, no dejaría de citar una versión ecológica del cognitivismo como la de Ulrich Neisser, que repone el sujeto como un todo en relación con los contextos en los que la gente se desenvuelve, sin reducir el mundo a bits de información.

Criticas reiteradamente la tendencia de psicologizar todo tipo de problemas sociales. ¿Cómo se diferencian los problemas psicológicos de los psicologizados?

Bueno, es una distinción para introducir un punto de vista crítico en la concepción de los problemas cotidianos cuando se convierten en categorías diagnósticas, en vez de entenderlos como los problemas que son, a menudo normales. La psicologización es una variante de la medicalización de los problemas de la vida como lo es también la psiquiatrización. No se niegan los problemas, pero no por serlo son problemas psicológicos y los problemas psicológicos si es el caso no son enfermedades. Cuando problemas normales se convierten en psicológicos o psiquiátricos sería un problema psicologizado y cuando un problema propiamente psicológico se hace pasar por una “enfermedad mental” puede ser otra manera de psicologización excedida. Un ejemplo es el duelo: una gran pena por alguien o algo perdido, pero no por ello es un problema psicológico. Convertir el duelo en problema psicológico o psiquiátrico con un diagnóstico específico sería psicologizar una condición normal dadas las circunstancias. Otro ejemplo es el TDAH, cómo unas siglas convierten conductas normales de los niños en una categoría diagnóstica que implica ya más de lo que hay.

Siempre aprendiendo

Impresiona tu abanico de conocimientos de toda clase, no sólo psicológicos. ¿De dónde saca tanto tiempo un catedrático universitario para aprender tanto?

Sin asumir la amplitud de conocimientos que dices y por no chafar la pregunta diré que forma parte de mi profesión estar continuamente en formación. Por otra parte, entiendo que para saber psicología tienes que saber muchas cosas de otras disciplinas. La psicología es una disciplina interdisciplinar donde las haya. El que sólo sabe psicología, ni psicología sabe. Está el hecho también por lo que a mí respecta que ser crítico de concepciones establecidas (del cognitivismo, del cerebrocentrismo, de la psicología positiva y de los sistemas diagnósticos por citar algunos de mis frentes abiertos) obliga a estar al tanto de las concepciones contrarias. Además, tengo la suerte, aunque en esto me temo que no estaría de acuerdo mi familia, de mi afición por la lectura y siempre relacionada con temas entre manos, no por pasar el tiempo. Luego puede parecer que sabes hablar de todo cuando en realidad hablas de todo lo que sabes.

¿Quién se beneficia de la medicalización de problemas sociales que no son estrictamente patológicos? ¿Las farmacéuticas? ¿Los laboratorios?

Sin duda, la industria farmacéutica es la principal beneficiaria, ya que a través de patologizar problemas normales venden sus productos. La industria farmacéutica, que ciertamente no es una ONG, hace sus clientes convirtiendo a la gente en pacientes de algo, sin excluir a los niños. Todo ello sea dicho sin dejar de reconocer sus enormes esfuerzos y aportaciones en la creación de medicamentos. Con todo, la industria no es el único beneficiario. Los profesionales también beben y viven de ello. La administración pública saca igualmente “beneficio” contentando a unos y otros con la cobertura del gasto sanitario a costa a menudo de sobremedicar condiciones de dudosa entidad clínica o dejar de lado alternativas mejores. Pero es que hasta los pacientes se “benefician” de la medicación en el sentido y en la medida en que se eximen de su responsabilidad en cómo les va y en hacer lo necesario para mejorar su vida.

El TDAH

¿Usted certifica que el TDAH no existe igual que afirmó su creador el doctor Eisenberg meses antes de morir? ¿Por qué?

El TDAH no existe como entidad clínica que tenga un diagnostico objetivo y base neuropsicológica y genética como se supone. Es fácil de diagnosticar si alguien se lo propone, precisamente, porque se basa en apreciaciones acerca de conductas que resultan molestas para los adultos y acaso inconvenientes para ciertas tareas. Pero no por ser conductas problemáticas son indicativas de una enfermedad o trastorno definido. En nuestro libro Volviendo a la normalidad: la invención del TDAH y el trastorno bipolar infantil mostramos que no hay ninguna evidencia de que el TDAH sea una enfermedad y mostramos también por contra la cantidad de intereses y malentendidos para hacerlo pasar como una entidad clínica. El TDAH es al final una etiqueta desafortunada para referirse a conductas normales de los niños que, si suponen algún problema, éste se habría de abordar como tal, no como enfermedad, sino en términos de aprendizaje de la atención y el autocontrol necesarios según los contextos. El TDAH existe pero como desafortunada etiqueta diagnóstica inventada para justificar la medicación de los niños por hacer de niños. Una vez establecido en la infancia, donde lamentablemente está reconocido en la ley de educación (LOMCE), se extiende ahora a la vida los adultos.

Usted hace hincapié también en los efectos secundarios de la medicación. ¿Cuáles son sus peores consecuencias?

Aunque los padres y profesores refieren maravillas de un niño medicado, la medicación no está corrigiendo ningún desequilibrio químico que causara los “síntomas”, sino que es en realidad un dopaje. De hecho, la medicación que se da para el TDAH, típicamente estimulantes y anfetaminas, produce los mismos efectos con o sin ese diagnóstico. Las peores consecuencias a largo plazo son de dos tipos. Por un lado, la medicación no corrige el problema por el que se prescribe y a menudo excusa hacer lo necesario para solucionarlo, so pretexto de que la medicación está remediando la enfermedad. Por otro lado, la medicación como no es inocua puede en este caso ocasionar, como se sabe que hace, trastornos emocionales, alteraciones cardiovasculares y ralentización del crecimiento, como era de esperar de las anfetaminas, todo ello sin haber mejorado el rendimiento escolar. De hecho, la medicación para el TDAH está a largo plazo asociada a peor rendimiento, no a mejor

Asociación Vida Sana

- Más sobre TDAH en Géminis Papeles de Salud

(3 de noviembre de 2015)

________________________________________
Notas

[1Volviendo a la normalidad. La invención del TDAH y del trastorno bipolar infantil, de Fernando García de Vinuesa, Héctor González Pardo y Marino Pérez Álvarez:

Epílogo

Este libro ha abordado el estatus científico y clínico del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (conocido por las siglas TDAH), así como del trastorno bipolar infantil redenominado en el DSM-5 como "trastorno de desregulación disruptiva del humor". Se trata, sin duda, de dos diagnósticos controvertidos que, de hecho, dividen a la comunidad científica, clínica y educativa, en cuanto a su entidad: si realmente definen categorías clínicas como trastornos neurobiologicos o son problemas normales de los niños. Problemas que, aún pudiendo ser importantes en algunos casos, no por ello serían propiamente trastornos o enfermedades. Esta controversia y división alcanza también a los padres, en el centro del escenario, sometidos a menudo a informaciones contradictorias, cuando no son objeto de campañas de marketing farmacéutico.

Las instancias políticas, empezando por el Parlamento Europeo y el Congreso de los Diputados de España, toman también cartas en el asunto, particularmente en relación con el TDAH, con sus iniciativas en favor de la concienciación sobre esta "patología psiquiátrica" y "enfermedad" tan desconocida y oculta, según no se privan de decir. La inclusión del TDAH en la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) viene a ser su reconocimiento oficial. Supuesto que son bienintencionadas y desinteresadas, estas iniciativas de alta instancia política no dejan de precipitar determinadas preconcepciones e intereses, cuando todo está todavía en debate, a falta de mayor evidencia y clarividencia.

Estos diagnósticos no sólo se aplican a niños con problemas, realmente. Debido a estas etiquetas y sus formas descriptivas sobre lo que es y no es normal, muchos aspectos normales -pero que demandan más atención por parte de los adultos- están siendo recalificados como anormalidades, como si todo lo que no sea fácil de llevar fuera un problema a tratar. Tenemos, en consecuencia, niños con problemas reales que reciben a cambio diagnósticos falaces y tratamientos sin eficacia y a menudo perjudiciales. La eficacia de la medicación está, si acaso, en la reducción de "molestias" para los adultos, pero no, por ejemplo, en la mejora del rendimiento escolar. Por otro lado, están esos niños tan sólo incómodos de llevar que son enderezados a golpes de diagnóstico y farmacia.

Pero ni siquiera la medicación estaría justificada por la posible ayuda en reducir "molestias". Los padres, con entrenamiento en pautas conductuales, si fuera necesario, pueden dar lugar a mayores y mejores cambios que la medicación y sin los conocidos inconvenientes de ésta. La revisión de los estudios de más calidad científica muestran que las intervenciones de los padres en pautas conductuales son más eficaces que la medicación para la mejora de los niños preescolares definidos como riesgo para TDAH (Charach et al., 2013). Todo ello, además, dejando el verdadero problema fuera de plano, referido a la atención que demandan los niños y las formas de vida actuales. El contexto natural sobre el que hay que situar y entender estos problemas con los niños es el de los "problemas reales" de la infancia y la vida familiar (Southall, 2007). Los problemas reales a los que se refiere esta autora son: la escasez de vida familiar (¿cuántas horas pasan los padres con los niños?), padres que están ausentes de sus niños (no tanto física sino emocionalmente), padres que no atienden a sus hijos cuando están con ellos, padres que tienen expectativas poco realistas de sus hijos, padres que siguen el mensaje de que da igual lo que hagan o padres que ya no confían en sus propios juicios y, por así decir, en el sentido común y buscan "expertos" para que les digan qué hacer (Southall, 2007, p.73).

La conclusión de nuestra revisión de la evidencia científica es que el TDAH y el trastorno bipolar infantil carecen de entidad clínica: no suponen diagnósticos con validez, su etiología no se ha identificado por más que se ha buscado y los marcadores biológicos específicos -genéticos y neurobiológicos- brillan por su ausencia. Todo ello sea dicho sin menoscabo de que estas denominaciones, ya usuales, pueden tener que ver, a veces, con importantes problemas educativos, familiares y escolares. Otra cosa es que estos problemas se consideren patologías como sí fueran enfermedades "tratables" como otras cualesquiera, que es lo que hemos revisado aquí y mostrado que no es el caso.

La conclusión coherente con la revisión realizada no permite circunscribir la validez de los diagnósticos a unos pocos casos realmente existentes, supuesto que el problema con estos presuntos trastornos fuera sólo de sobrediagnóstico. El problema no es cosa de sobrediagnóstico, sino cosa de entidad, en concreto, de carencia de entidad clínica. La solución no está, por tanto, en reclamar mayor rigor y precisión (criterios más claros, instrumentos más fiables, pruebas con mayor validez), que siempre está bien reclamar, sino en plantear la cuestión de base. Algunos críticos con el TDAH y el trastorno bipolar infantil terminan por reintroducir las concepciones que critican y así contribuir a la confusión, a cuenta de decir que no todos los casos son auténticos trastornos, sino algunos pocos, sin que, de todos modos, haya evidencia para ello. Sería como criticar la noción de milagro, aduciendo que no todos los milagros son auténticos, sino unos pocos. Los problemas que puede haber con la atención, la actividad y el humor de los niños se han de situar en otro contexto, fuera de la consideración de trastorno biomédico, que ya hemos visto qué da de sí.

Nuestro planteamiento tampoco consiste en "sacar" los problemas en cuestión del ámbito biomédico (psiquiátrico o pediátrico) y ponerlos en el psicológico como entidades, ahora, que fueran propias de la psicología clínica o educativa. Nuestra conclusión y planteamiento es que no son entidades "clínicas" definidas, ni psiquiátricas ni psicológicas, sin por ello dejar de referirse como se decía, a problemas que pueden tener los padres y profesores con los niños en el proceso educativo familiar y escolar. Pero los problemas no estarían en los niños, dentro de sus cerebros o mentes, ni encapsulados en sus genes. Si en algún sitio están esos problemas es dentro del mundo en el que viven los niños -no dentro de su cabeza-, en relación con los adultos y sus propios problemas, circunstancias y formas de vida.

De acuerdo con nuestras conclusiones, los problemas en cuestión se habrían de resituar en el contexto de la cultura, formas de vida, prácticas sociales, políticas educativas y sistemas de enseñanza que configuran el mundo de los niños. En la Introducción de este libro se han señalado, irónicamente, "métodos" para echar a perder a los niños (que si a la escuela van a divertirse, alabanzas a granel, etc.) consistentes en concepciones y prácticas establecidas, que tienen que ver con los problemas conductuales y emocionales de los que hablamos. Los "problemas reales" a los que nos hemos referido, citando a la psicóloga clínica británica Angela Southall, no son sino un aspecto cotidiano de este contexto y formas de vida. La vuelta a la normalidad es lo que se necesita, empezando por la cordura, el sentido común y la responsabilidad de unos y otros.

Reutilizando la retórica de la propaganda farmacéutica (referida a que tal supuesta enfermedad es mucho más frecuente de lo que se pensaba, etc.), podríamos decir también que la educación de los niños es "más difícil de lo que se pensaba". Se entiende la complacencia de los padres con el diagnóstico, por la "tranquilidad" que pudiera dar la posible explicación y solución que supone. Sin embargo, a la vista de lo que hay, la pregunta sería: ¿prefieren los padres a un niño "enfermo" o un niño que se comporta como un niño, cuya educación es quizás una tarea más difícil de lo que pensaban? ¿Se prefiere medicar a los niños cuando estos medicamentos han mostrado estar mucho más próximos a la idea de dopaje que a la de medicina?

La campaña de concienciación para el diagnóstico y tratamiento "adecuados" promovida por instancias políticas no se puede decir que sea científica y progresista, pues, ni es científicamente correcta ni a la postre lo es políticamente. No hay evidencia que obligue a pensar esos problemas con los niños en términos clínicos y patológicos. Esos problemas de la atención, la actividad y el humor resultan inteligibles sobre el telón de fondo de las concepciones y prácticas educativas -familiares y escolares-, algunas de las cuales se han señalado en la Introducción, así como en capítulos específicos.

Este planteamiento, aquí avalado y razonado tras una revisión de la evidencia existente, no ha de verse como algo insólito. Ni siquiera es novedoso. Antes bien, se sitúa de un lado de la controversia que divide a la "comunidad" científica, clínica y educativa, así como a los padres. Sin embargo, esta controversia no parece importar a los políticos, que tiran para adelante, como si lo justo y necesario fuera dar la carta de naturaleza a esta problemática -en particular el TDAH-, sin reparar en que haciéndolo así están en realidad decantándose por uno de los lados de la controversia, precisamente la posición que, al final, no resulta sostenible, dado que su supuesta evidencia está ahora en evidencia. La ironía es que la instauración de un Día internacional de TDAH y su inclusión en la LOCME puede estar haciendo el "trabajo sucio", referido a la carta de naturaleza (institucionalización, sensibilización a la población), que interesa y del que, sin duda, se va a aprovechar la industria farmacéutica. Suponemos que la industria farmacéutica se estará frotando las manos con la declaración del día internacional del TDAH y demás medidas para "mejorar" su diagnóstico y tratamiento. Probablemente una ocupación más necesaria, justa y saludable de los diputados y demás políticos sería preocuparse por la patologización de la infancia.

Las alternativas están claras: o bien se sitúan los problemas con los niños en el contexto de las formas de vida actuales (problemas, si acaso, que no trastornos o enfermedades) o bien se medicaliza la infancia a cuenta de una concienciación sobre supuestas "patologías psiquiátricas", una solución ésta que puede ser ella misma iatrogénica si es que no "perversa" cuando se toma a los niños como diana de la industria farmacéutica. Situados en el contexto de las formas de vida, sobre el telón de fondo de las concepciones y prácticas que se ciernen sobre los niños, los problemas en cuestión no dejan de existir, en la medida en que existan, pero el problema es otro: que la educación de los niños es más complicada de lo que se pensaba. Padres y profesores pueden estar desbordados y los propios niños "atentos" a lo que les apetece, "inquietos", "divertidos" y "aburridos". Y padres y profesores puede que necesiten ayuda, pero ésta no tendría por qué ser a costa de un diagnóstico ni de un tratamiento centrado en el niño, ni dirigido a su cerebro ni a su mente. Estamos hablando de una posible ayuda que empezaría por analizar las conductas de los niños y de los adultos en el contexto en que se dan, de acuerdo con la historia, "costumbres" y cultura dentro de la que las conductas de unos y otros se aprendieron y funcionan actualmente.

Es hora de salir de esa retórica al servicio de la patologización, según la cual nadie es responsable de nada, sino el cerebro del niño y los genes que le han tocado, una especie de pecado original o de predestinación. Para esta retórica, el cerebro y los genes son los culpables perfectos, por impersonales. Aparte de que no hay evidencia genética ni neurobiológica, sino creencia, el problema con esta ofuscacion genético-y-cerebro-céntrica es doble. Por un lado, desvía la atención de donde están las condiciones del problema: el mundo en el que viven los niños, y por otro, va en detrimento de las posibles soluciones en su contexto natural que no es otro que el modo de vida actual, donde entran los problemas que pueden tener los adultos con la atención, la actividad y el humor de los niños.

Con todo, el propósito de este libro no era más que tratar de contribuir a la vuelta a la normalidad, con sus problemas, dificultades, responsabilidades y ayudas que sean necesarias y saludables. Nos parecería un logro del libro si sirviera a investigadores, profesionales (clínicos y educadores), padres y políticos para pararse a pensar acerca de la escalada de patologización de la infancia y ver si no sería mejor volver a la normalidad.

(Epílogo reproducido en postPsiquiatría, 17 de agosto de 2014).

[2Un mundo de locos, enfermedades mentales (Jornada en BioCultura Madrid 2015)

Sábado, 14 de noviembre

Sala: N107

17 h La anorexia es una enfermedad de las sociedades opulentas

Irina Matveikova, Licenciada en medicina de familia, experta en trastornos del comportamiento alimentario, Autora de Inteligencia digestiva. Una visión holística de tu segundo cerebro:

Javier Álvarez, Psiquiatra, Jefe del Servicio de Psiquiatría del Complejo Asistencial Universitario de León.

18’30 h La industria farmacéutica es la principal beneficiaria del invento del TDAH

Marino Pérez, Catedrático, Autor de Volviendo a la normalidad.

19’15 h Trastorno paranoide

Sara López Charles, Psicóloga y titulada en homeopatía.

[3- Efecto de los Ácidos Grasos Esenciales de cadena larga como agentes para el tratamiento del Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), Sandra Jarrin Motte y Jaime A. Yanez, ECIPERU (Encuentro Científico Internacional), 1ª edición digital, Lima, Perú, noviembre 2012.

[5TDHA (trastorno de déficit de atención e hiperactividad) y trastornos del sueño.

13/07/2011

La melatonina para abordar los problemas de sueños en niños con esta problemática no sólo es una alternativa eficaz, sino además segura frente a la utilización de fármacos tradicionales.

TDAH y trastornos del sueño

Grupo de Sueño de la AEPap. Recursos para el pediatra de atención primaria. Melatonina

TDAH, insomnio y tratamiento con melatonina

08/06/2009

Michel Hoebert, Kristiaan B van der Heijden, Ingeborg M van Geijlswijk, Marcel G Smits. Long-term follow-up of melatonin treatment in children with ADHD and chronic sleep onset insomnia. J Pineal Res, May 22, 2009

Objetivo. Estudio para valorar la eficacia y seguridad del tratamiento prolongado con melatonina en niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) e insomnio crónico de inicio de sueño (ICIS)

Métodos. Cuestionario estructurado dirigido a los padres. Los participantes en el estudio eran niños que habían participado previamente en un ensayo clínico que evaluó la eficacia del tratamiento con melatonina. La tasa de respuesta fue del 93% (94/101). El tiempo medio de seguimiento fue de 3.7 años.

Resultados. No se osbservaron efectos adversos ni comorbilidad. El 75% de los niños todavía usaban melatonina diariamente y un 12% de manera ocasional. La supresión temporal del tratamento ocasionó un retraso en el inicio del sueño en el 92% de los niños. Un 9% de los niños pudieron suspender completamente el tratamiento con melatonina como consecuencia de la desaparición del ICSI. El tratamiento a largo plazo con melatonina se consideró eficaz en el 88% de los casos de ICSI. La mejoría en el comportamiento y carácter se observó en el 71% y 61% respectivamente.

Conclusiones. La melatonina es una terapia efectiva para el tratamiento del ICSI en niños con TDAH y no presenta efectos adversos importantes ni comorbilidad. La supresión del tratamiento con melatonina generalmente origina recidiva del insomnio incluso después de varios años de tratamiento.

Melatonina.

________________________________________
Documentos adjuntos

________________________________________
Palabras clave

© 2009 Géminis | Realizado por Dabne con SPIP | Diseño Basaburua |