Warning: array_shift() expects parameter 1 to be array, boolean given in /htdocs/public/www/config/ecran_securite.php on line 283 Géminis Papeles de Salud - La farmacia (de 1975) - Hipercompetencia en el capitalismo financiarizado. El caso de las empresas farmacéuticas - La industria farmacéutica gana poder, e influencia en los médicos

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Salvador de Madariaga 1975
Alberto Garzón Espinosa 27 noviembre 2010
Myriam Mancisidor La Nueva España 2 diciembre 2010

La farmacia (de 1975) - Hipercompetencia en el capitalismo financiarizado. El caso de las empresas farmacéuticas - La industria farmacéutica gana poder, e influencia en los médicos

Biografía de Simón Bolívar

Recogemos tres textos que a pesar de los años que les separan (1975 y 2010) resultan complementarios. El primero, de Salvador de Madariaga, ilustre fascista español, ministro de Educación, y también brevemente de Justicia, en la 2ª república, en el gabinete lerrouxista y en pleno bienio negro de la reconquista del poder por la ultraderechista burguesía oligárquica católica, apostólica y romana española, la misma que, al poco de su derrota en las elecciones de febrero de 1936 ante el Frente Popular, encabezó y/o se adhirió entusiásticamente y con muy pocas excepciones al golpe de estado fascista protagonizado por generales y otros militares y civiles de infausto y aciago recuerdo. Madariaga, reconocido por sus ejecutores como uno de los escasos inspiradores intelectuales del nuevo estado fascista -ahí está su joya en bruto, "Anarquía y Jerarquía", 1935, dotada de altura intelectual y social similar a los engendros totalitarios y filonazis de Ortega y Gasset, Ramiro Ledesma, Gregorio Marañón, y tantos y tantos otros preclaros representantes de la intelligentsia española- huyó del escenario de la confrontación político-social-militar que se desarrollaba en la península ibérica. en dirección a Gran Bretaña, con cuyos servicios de espionaje ya había colaborado en la guerra interimperialista de 1914-18. Reconocido como uno de los líderes de la oposición antifranquista -así nos lució y nos luce el pelo: todos calvos- Madariaga fue uno de los promotores del contubernio de Munich, en la única que se sepa acertada definición del generalísimo caudillo y adalid de las españas. Fiel a sus principios liberales y rabiosamente anticomunista, antimarxista y antiobrero [1], -al igual que su nieto o sobrino Javier Solana de Madariaga, secretario general de la OTAN y jefe de política exterior y seguridad común de la UE o Mister Pesc-, Madariaga seguiría colaborando con el imperio, el único existente para entonces, es decir, con la CIA estadounidense, que le utilizaría provechosamente para dirigir el gélido cotarro intelectual europeo de la guerra fría, hasta llegar a ser considerado como uno de los padres ideológicos de la unión europea y ser galardonado, en 1973, con el prestigioso "Carlomagno". además de fundador y director del College of Europe. En el documento adjunto [2] se detallan algunas más de sus hazañas y virtudes (teórico del imperialismo español y colonialista, etc). Pero, con todo y a pesar de ello, y cumpliendo quizás el papel de los wikileaks y/o el de un estulin de la época, en 1975 escribió el texto -o al menos se le atribuye- La farmacia de hoy, cuyos postulados respecto a la industria farmacéutica y la homeopatía, el uso tradicional de las plantas medicinales y los herbolarios no cabe sino, en general, suscribir, para mayor escarnio de progresistas de todo pelaje y condición que no hacen sino atacar y denigrar todo aquello que cuestione y no contribuya a enriquecer más aún a las multinacionales de la salud // A continuación, un reciente artículo de Alberto Garzón Espinosa que, con la terminología y valores de las ciencias empresariales, sitúa a las empresas farmacéuticas en su contexto real del capitalismo financiarizado, multinacionales despojadas de todo señuelo de salud, sanidad o zarandajas similares, cuyos lobbys cada vez más crudamente se cocinan directamente y ya sin apenas subterfugios que valgan las sucesivas directivas de la Unión Europea, preparadas, como tiene que ser, en la dirección de economía e industria, dejando de lado cualquier veleidad sanitaria o socioasistencial // Y, por último, el doctor Benjamín González en la conferencia Medicalización, iatrogenia y ética de las relaciones con la industria farmacéutica, el 1 de diciembre de 2010, subraya la publicidad, propia, que esta industria dirige hacia el público que más le interesa, la promoción de sus productos entre los facultativos, -con quienes la industria gasta, en el estado, de 8 a 13.000€ por médico y año-, pues "somos los mejores vendedores de la enfermedad, capaces de convencer a los sanos, con toda una liturgia científica, de que realmente están enfermos". Tras cuestionar la función de la OMS, con ejemplos como la gripe A y la vacuna del virus del papiloma humano, o fármacos que después de años en el mercado se han eliminado por factores adversos, incluída la muerte de pacientes, el Dr. González incidió en la medicalización, la ética y la alteración dañina del estado del paciente producida por el médico o iatrogenia.

- Nota al pié: Como quizas, y con todo, pueda levantar ampollas y causar extrañeza el traer a estas páginas un texto de alguien lo suficientemente conocido en el cono sur americano como Madariaga y sus brillantes teorías y estudios sobre el imperio español de ultramar, como descargo y justa reparación se adjunta una sucinta biografía de Simón Bolívar.

La farmacia (de 1975) - Hipercompetencia en el capitalismo financiarizado. El caso de las empresas farmacéuticas - La industria farmacéutica gana poder, e influencia en los médicos

(gráfico: tasas de incremento de los gastos en I+D de la industria farmacéutica 2001-2006, respecto al año anterior, en La I+D del sector farmacéutico crece (en el estado español) al menor ritmo de la década: jano.es).

Salvador de Madariaga , 1975

La farmacia de hoy

La industria farmacéutica, es hoy una de las más formidables y prósperas del mundo. Entre las causas de este inmenso poder cabe distinguir dos de muy diversa índole: la primera es el acceso a la cultura escrita de masas ingentes hasta hace un siglo confinadas en la cultura oral; y la segunda es la conquista de extensos y crecientes campos de materia médica gracias a los progresos de las ciencias químicas y asimiladas. Por esta causa bifronte, ya que ambas se articulan en una sola, la industria farmacéutica pasa rápidamente de ser una biología aplicada a constituirse en una química aplicada.

El negocio es redondo. Por un lado, la fe ingenua de las masas en "la medicina", "el frasco", que garantiza la demanda; por otra un Estado sea el que sea -que, para evitar mayores males, paga la cuenta, y a otra-, y por un tercer lado, la dificultad, la casi imposibilidad de analizar los costos objetivos de productos nuevos, cuyos componentes y reacciones químicas no son precisamente de la mayor diafanidad. La prosperidad de las grandes casas de farmacia es, pues, segura y fuerte.

Explotan, en efecto, un aspecto de la vida humana que parece fuerza y es flaqueza: la tendencia en el ser humano a ejercer todo el poder que tiene a su alcance. En otros tiempos, el dolor, por mucho que torturase, había que aguantarlo. Hoy echa uno mano de un analgésico; y así se cuenta de aquella niña americana que dudaba si tomar un somnífero e irse a la cama o una píldora de cafeína e irse a un cabaret. Jamás en la historia humana ha habido más drogas al alcance de más personas para satisfacer más deseos. Que al correr de los años la niña americana llegue a la menopausia hecha un trapo es cosa en que nadie piensa. El caso es que la industria prospere.

Por este camino se va a la formación de grandes oligopolios, ya que los ingresos de las casas más fuertes permiten la compra de las casas menores: y así se ha visto la adquisición de tantas firmas francesas, inglesas y españolas por grandes empresas americanas. ¿Qué importa?, se dirá. En lo económico todo depende de cómo se haga el traspaso, y de sus consecuencias sobre la economía del país vendedor, de modo que la respuesta queda abierta, aunque sospecho que el proceso de enajenación de industrias nacionales tiene que redundar en perjuicio de la nación que las decapita o deja decapitar; pero quizá presente la cosa aspectos todavía peores.

Puede darse el caso, y me aseguran que se ha dado en Francia (país, dicho sea de paso, cuya farmacopea suele ser excelente) de un específico de gran virtud curativa, que de pronto venga a desaparecer del mercado. La casa que lo produce ha pasado a manos de otra norteamericana, y el producto desaparece porque no conviene a la nueva casa propietaria importadora de un específico rival. Como razón se dice en las farmacias que no se vendía, siendo así que, puesto que con el tambor de la publicidad se venden hasta medicamentos inútiles, por no decir nocivos, ¿Cómo no se iba a vender uno de probada y brillante eficacia?

La situación no es nada buena y por tanto es bueno irla analizando. Para hacerlo a fondo me faltan la competencia y el tiempo. Pero podía permitírseme que apuntara algunas observaciones.

El primer mal es una orientación errónea de la enseñanza de la medicina. Con muy contadas excepciones, las Facultades de Medicina enseñan la enfermedad y cómo curarla en vez de enseñar la salud y cómo mantenerla. El enfermo es el que va al médico. Nunca el sano. Ejemplo, y lo doy sabiendo que me meto en un avispero: La industria de las pastas dentífricas es totalmente inútil. Los elixires pueden ser buenos y los hay excelentes. Pero el mejor modo de conservar la dentadura es enjuagarse y frotarse dientes y encías con agua oxigenada, cuyo oxígeno naciente penetra allí donde la pasta obturaría los accesos.

Otro ejemplo. El noventa por ciento de los cosméticos femeninos es inútil, por no decir perjudicial. Aquí de la copla. "¿Con qué te lavas la cara que tan rebonita estás?" "Me lavo con agua clara y Dios hace lo demás." La mujer que teme llegar a un estado tal que Dios se declara impotente, no hace más que anticipar el momento fatal negándole al cutis natural su respiración natural mediante capas de grasa animal o vegetal que el cutis detesta. En una de esas tiendas de falsificación femenina, estaba comprando botes y más botes de ungüentos y mejunjes una hermosa (ya en peligro de impotencia divina) cuando su acompañante y presunto "pagano" murmuró al oído de la vendedora: "Por Dios, que sea de buena calidad, que luego me lo tengo yo que comer todo."

Todo esto es tortas y pan pintado si se compara a las tremendas tragedias humanas que producen preparados químicos lanzados al mercado farmacéutico sin la experimentación suficiente para asegurar al que los consume contra posibles consecuencias desastrosas. La tragedia de los millares de jóvenes de ambos sexos que tienen que vivir sin brazos o sin piernas porque sus madres embarazadas de ellos, por mero querer quitarse un insomnio, tomaron thalidomida, es conocida. Hay otras no menos terribles, pero menos conocidas.

Aquí apunta un remedio quizá heroico, quizá también necesario. Ese período de experimentación que falta en algunos casos de productos químicos, y quizá falte en muchos más, nuestros antepasados se lo impusieron por instinto y tradición a las plantas. En el curso de los siglos, los pueblos humanos fueron cribando lo venenoso de lo alimenticio y ambos, de lo medicinal. En general, la salvación de la farmacia sería el retorno a la herbolaria. Esto hace sentido además porque es evidente que lo que se ingiere para curarse ha de ser del mismo tipo que lo que se ingiere para alimentarse.

No dejaría de ser esta labor obra predestinada para los herbolarios españoles. España es uno de los países más ricos en especies vegetales. Si la farmacia española concibiera su labor como un retorno sistemático al remedio herbalista, quizá consiguiera mejorar no sólo la salud del pueblo, sino también el balance de pagos.

El remedio se da de bruces contra el prejuicio y la costumbre. La mayoría de los médicos mira con recelo a los herbolarios y aun el vocablo mismo ha sido objeto de cierto menosprecio. Cosas de viejas. El que tal piensa, lea nuestros cronistas de Indias y descubrirá cuantos remedios, alimentos y venenos tenían ya bien catalogados los indo-americanos en su tradición, y todo eso de "la píldora" se lo sabían de memoria las indias del Amazonas cuando por allí anduvo Humboldt y, por lo tanto, muchos siglos antes. La ventaja de los remedios vegetales tradicionales es que llevan el marchamo de los siglos -lo que nuestros remedios químicos no llevan porque se aplican a toda prisa. Remedios hay, como la aspirina, que sólo empieza a revelar sus peligros ya pasada una generación entera de su uso.

¿Por qué tanta prisa? Por esa ingenua vanidad de estar al día que aflige a algunas profesiones, la médica en particular. No basta con que un remedio sea bueno. Ha de ser moderno. Y aquí radica el peligro; porque es posible que el remedio nuevo quite una molestia a costa de provocar siete u ocho más. Y ésta sí que es molestia mala de curar, porque todo lo concerniente al organismo requiere no solo tiempo, así, en abstracto, sino su tiempo, cada cual y cada cosa el suyo.

En suma, se trata de reforzar el aspecto científico de la farmacia; lo cual no quiere decir nada que evoque probetas y peroles, alambiques y ondas hertzianas, sino experiencia. Ésta es la razón por la que me inclino a la terapéutica homeopática, que me ha parecido ser, desde que la estudié hace medio siglo, el sistema más científico de curar.

Fuente: Falsa Libertad

Documentos adjuntos

- "La crisis del liberalismo en Salvador de Madariaga", Pedro Carlos González Cuevas.

- *Salvador de Madariaga y la CIA, José Sant Roz, aporrea.org, 11-03-2005 (p1) *La mano oculta de la CIA, MH Lagarde, La Habana (p7) *Frances Stonor Saunders. La CIA y la guerra fría cultural, Barcelona, Debate, 2002, Barataria Virtual -reseñas de libros - Un libro para no olvidar, Javier Ortiz (p14) *The CIA and the Cultural Cold War. Revisited by James Petras, November 1999, Monthly Review (p19) *The Cultural Cold War: The CIA and the World of Arts and Letters, Frances Stonor Saunders, culturerevulture.net (p28) *The Woman Who Shot Mussolini by Frances Stonor Saunders, The Times-The Sunday Times, 28-02-2010 (p30) *The power of fear. Jazz was a capitalist plot, abstract expresionism a communist one. Art was always a victim in the cold war, by Frances Stonor Saunders, NewStatesman, 06-10-2003 (p33) *Salvador de Madariaga: wikipedia (p36), Biografías y Vidas (p40), lecturalia.com (p41), Salvador de Madariaga y Javier Solana - distrito Política europea (p43), Founder of the College of Europe -madariaga,org (p44), el poder de la palabra (p45), historia siglo 20 (p46) *Salvador de Madariaga, foro de libertad: Antolín Sánchez Presedo, eurodiputado socialista (p47). Justo Fdez Rojo (p52), *La 3ª españa, 20-09-2008 (p57).

- "Biografía del libertador Simón Bolívar, o La independencia de la América del Sud. Reseña histórico-biográfica", L. C., Biblioteca de la Juventud. París, Librería de Rosa y Bouret - Project Gutenberg.

Alberto Garzón Espinosa , 27 noviembre 2010

Hipercompetencia en el capitalismo financiarizado. El caso de las empresas farmacéuticas

Los grandes laboratorios farmacéuticos están despidiendo trabajadores a destajo.«Roche», una de las empresas más grandes del sector, despedirá a 4.800 empleados en todo el mundo, lo que supone el 6% de la plantilla total, y que en España afectará a través del cierre de la planta de Barcelona y el despido de 150 trabajadores. «Bayer», por su parte, eliminará 4.500 empleos en un plan de reestructuración que incluye deslocalizaciones. «Sanofi» se suma también a la fiesta con 1.700 despidos en Estados Unidos (el 25% de la plantilla) y 225 en España, algo que también hace «Abbot» al despedir a 171 trabajadores en España. Por lo que leo, tanto «Novartis» como «Pfizer» están planteándose también llevar a cabo reducciones de personal.

Los nuevos trabajadores en paro, como podemos imaginar, son de alta cualificación. Algunos han llegado a crear una web donde han publicado sus currículos esperando que los mismos les “puedan resultar de utilidad” a las empresas farmacéuticas. Todos estos despidos, sin embargo, contrastan fuertemente con los datos de beneficios que tienen esas mismas empresas. Bayer, por ejemplo, ha tenido un beneficio de 13.528 millones de euros en los nueve primeros meses de 2010, y Sanofi unos 11.861 millones de euros en los seis primeros. Roche ha elevado su beneficio un 11% en lo que va de año, y las compañías más pequeñas como Abbot declararon en 2009 unos ingresos netos de 1.375 millones de dólares . ¿Cómo podemos explicar todo esto?

Las empresas capitalistas modernas y la tiranía del accionariado

La noticia de Elmundo.es lo anticipa: no se gana al ritmo previsto. Las empresas son rentables, sí, pero no son suficientemente rentables. Los propietarios últimos de las mismas, los accionistas, exigen unos rendimientos para su dinero mucho mayores de los que ya están recibiendo. Es una característica propia del funcionamiento del capital; es su lógica.

Para entender esto hace falta que recordemos que, ante todo, las empresas farmacéuticas son empresas capitalistas. Como toda empresa, se necesita un capital invertido que se destinará a la compra de los medios de producción necesarios (los elementos del laboratorio, por ejemplo) y de los trabajadores, tras lo cual comenzará la actividad económica en sí. Dado que la actividad farmacéutica es especialmente cara, el capital invertido tiene que ser muy grande, y casi ningún empresario es capaz de montar por sí solo una empresa de estas características. Por eso el capital invertido tiene que repartirse entre numerosos capitalistas, quienes también comparten de esta forma el riesgo.

La forma jurídica de sociedad anónima cumple hoy en día perfectamente ese papel. La propiedad de la empresa se divide entonces en acciones, y si la empresa está en bolsa incluso éstas pueden negociarse en el mercado bursátil. Con una compra de acciones que se efectúa de forma inmediata cualquier inversor puede adquirir parte de la empresa, y con una venta de acciones puede dejar de serlo. En este momento los accionistas pasan a ser una especie de capitalistas pasivos, no vinculados directamente con la actividad económica.

La remuneración de los accionistas se realiza mediante la distribución de dividendos. Cuando termina un período económico y la empresa obtiene beneficios, tiene que decidir qué hacer con ellos. Una parte de ellos se acumulan, es decir, se reinvierten. Con esa reinversión se pueden comprar mejores medios de producción, dedicar más a investigación o aumentar la productividad vía subidas salariales. Otra parte de esos beneficios, sin embargo, se reparte entre los propietarios de la empresa. Esos son los dividendos: el pago que se hace a quienes pusieron su capital a disposición de la actividad económica.

Sin embargo, las decisiones empresariales (dónde, cuándo y cómo invertir el dinero, o cuándo y cómo hacer reestructuraciones de personal) siguen tomándose por los altos empleados, es decir, por los directivos y gestores de la empresa. Estos reciben una remuneración en forma de salario, normalmente fijo, y pueden perseguir fines distintos de los perseguidos por los accionistas. En efecto, los directivos pueden buscar hacer a la empresa más grande, consiguiendo así mayor reputación, mientras que los accionistas únicamente se preocupan por los beneficios.

Para solucionar este problema se idearon una serie de instrumentos financieros como las stocks options. Las stocks options son derechos de compra que permiten a los ejecutivos comprar acciones de la empresa a menores precios que los que ofrece el mercado, y desde los años noventa se convirtieron en parte importante de la remuneración de los directivos. Con eso se alinearon los intereses de directivos y accionistas, ya que los primeros ahora se preocupan más de los beneficios que de otras cuestiones porque su remuneración depende directamente del valor en bolsa de la empresa. Mayor valor de las acciones, mayor remuneración.

El motor de la actividad económica: la ganancia y la competencia

El motor de una empresa capitalista no es la caridad sino la ganancia y, concretamente, la tasa de ganancia. La tasa de ganancia es el ratio que mide la proporción de beneficios recibidos por el capital invertido. Cuanto mayor es la tasa de ganancia mayores son los rendimientos que se reciben por haber invertido dinero en una actividad cualquiera. La tasa de ganancia siempre tiene que ser positiva para que los empresarios inviertan, pero además tiene que ser suficientemente alta para incentivar que lo hagan. Puede que una actividad en concreto proporcione al cabo de un tiempo beneficios, pero quizás éstos no sean suficientes para que los empresarios se molesten en dedicar su dinero a esas tareas y no a otras más placenteras.

Pero, ¿cuánto es suficientemente alto? Ello depende del mercado, lo que significa que depende de las ganancias que se están obteniendo en otras actividades o ámbitos de la economía. Es decir, una ganancia es suficientemente alta cuando ese dinero no puede invertirse en ningún otro lugar y proporcionar allí rentabilidades mayores.

Si nosotros somos empresarios y estamos pensando en invertir en la creación de una empresa de salud y calculamos que recibiremos una tasa de ganancia, digamos del 15%, y comparamos con la tasa de ganancia que obtendríamos invirtiendo ese dinero alternativamente en la creación de una agencia de viajes, siendo en este caso la tasa de ganancia del 20%, tendríamos que rechazar la primera opción. Porque los empresarios son “racionales”, en el sentido de que su criterio no es social sino económico.

El caso de los accionistas funciona con la misma lógica, sólo que al ser un mercado líquido -compra y venta casi inmediata de títulos- el proceso es mucho más rápido. En efecto, los capitalistas pasivos, los accionistas, invierten no pensando en dónde lo hacen sino en cuánto dinero traen de vuelta. Los accionistas, a menudos denominados más generalmente “los inversores” -cuestión a la que volveremos más adelante-, buscan por lo tanto invertir su dinero en aquellas empresas que proporcionen mayores dividendos.

En este punto tenemos que introducir el concepto fundamental del capitalismo: la competencia. Lo que hacen entonces todas las empresas es competir entre ellas en busca del mayor beneficio posible y, en el caso de las empresas que cotizan en bolsa, buscando proporcionar los mayores dividendos posibles. La razón es obvia: si no lo hacen serán expulsadas del mercado y desaparecerán.

Si los accionistas sólo buscan los dividendos y no sólo eso sino, en particular, los mayores dividendos posibles, esto significa que la financiación depende también de ello. La lucha por ser la empresa que más dividendos proporcionan a sus accionistas es crucial. Si yo soy el directivo de una empresa farmacéutica y mi empresa proporciona menores dividendos que el resto de empresas del sector, sé perfectamente que los accionistas pueden vender sus acciones en mi empresa y comprar las acciones de las empresas de mis competidores. Eso llevará a un descenso en el valor de las acciones de mi empresa y, en general, a menores posibilidades para sobrevivir en el mercado (mayores dificultades de financiación, en definitiva). Por lo tanto, como directivo -cuya remuneración está además en juego- tengo que evitar que eso suceda.

Hipercompetencia en el capitalismo financiarizado

Por eso Marx hablaba de la tendencia a la nivelación de las tasas de ganancia. Como el capital puede fluir desde las esferas con menores tasas de ganancia hacia las esferas con mayor tasa de ganancia, la competencia fuerza a todas a igualarse. Cuanto más móvil y rápido sea el capital, con mayor facilidad se nivelaran las tasas de ganancia. Eso quiere decir que en el caso de los mercados líquidos, donde pasar de invertir en una empresa a otra es inmediato, la nivelación es más rápida que, por ejemplo, en el caso de las pequeñas empresas de producción (como la de salud y de agencia de viajes que habíamos puesto antes como ejemplo) y en donde nuestra inversión está en la forma de capital fijo (instalaciones, máquinas, etc.).

Pero no hace falta citar a Marx para entender lo que aquí se está diciendo. Basta con observar el comportamiento de las finanzas hoy en día. Obsérvese por ejemplo el indicador EVA (Economic Value Added) y que nada más y nada menos que mide la diferencia entre la rentabilidad de un capital determinado y una rentabilidad de referencia. En el mundo financiero este indicador está impuesto para las empresas, que tienen que maximizarlo todo lo posible para evitar ser expulsadas del mercado. La consecuencia es que “sólo se seleccionarán aquellas inversiones que sean capaces de generar lo más rápidamente posible la elevada rentabilidad exigida por el accionista” (Serfarti, 2003).

Este comportamiento, que penaliza a las inversiones a largo plazo y, en general, a aquellas que no proporcionen rentabilidades en muy corto plazo, es el caso extremo y cada vez más habitual del capitalismo moderno. Es un caso, en palabras de Husson (2009), de “hipercompetencia”.

Los inversores financieros: cerrando el círculo

La pregunta que podemos hacernos entonces es ¿quiénes son los accionistas? Si tanto poder tienen, ¿dónde están? Sería un grave error considerar que son unas cuantas personas individuales con muy mala leche. En realidad, los accionistas son generalmente entes financieros abstractos que también compiten entre ellos. Son los llamados inversores institucionales o fondos de inversión colectiva (fondos de pensiones, compañías de seguros y fondos de inversión) y fondos alternativos (hedge funds, fondos soberanos, etc.), todos los cuales operan con la lógica más arriba descrita.

Pero, por supuesto, esos entes financieros están gestionados por algún agente económico y hoy en día son fundamentalmente los bancos quienes controlan la gran parte de todos ellos. En la época de desregulación financiera los bancos perdieron cuota de mercado en su negocio de préstamos, pues las grandes empresas comenzaron a preferir financiarse a través de los mercados de acciones y de deuda privada (emisión de bonos) y no tanto de crédito, y se vieron obligados a reaccionar. Su intento por recuperar cifra de negocio tuvo éxito porque comenzaron a gestionar ellos mismos los fondos de inversión y otros agentes financieros similares.

Así, los bancos están gestionando hoy en día los fondos de inversión colectiva. Reúnen dinero de inversores individuales (del ahorro de las familias y empresas) y lo destinan a los mercados financieros. Uno de esos mercados es el mercado de acciones. Pero diversifican, lo que quiere decir que nunca compran grandes paquetes de acciones de una sola empresa sino que prefieren comprar pequeños paquetes de acciones (1% o 2%) de muchas empresas diferentes. Se mueven con la lógica de la maximización de beneficio, porque a la vuelta de las operaciones tienen que tener una rentabilidad determinada (digamos del 15%), de la cual una parte se queda el gestor en forma de importante comisión (digamos un 10% de ese 15%) y otra parte vuelve al dueño original del dinero (el 5% restante).

Conclusiones

La paradoja aparente de los despidos que se dan en empresas que tienen grandes beneficios aparece resuelta una vez que se atiende al funcionamiento real del capitalismo. No hay excusa posible: el capitalismo ha sido siempre un sistema depredador e irracional pero ahora, con el desarrollo del sector financiero y la expansión de su lógica a todos los ámbitos, lo es aún más. El caso que nos ocupa es el de despidos de trabajadores cualificados, pero antes de llegar a ese punto existen muchos más. Todo lo que las empresas buscan es maximizar beneficios a toda costa, y todas las medidas son válidas a este respecto. Las reestructuraciones de personal, la bajada de salarios, el incremento de la intensidad del trabajo, etc. son todas medidas que tienen como fin minimizar costes. Minimizando costes se maximizan beneficios y se incrementa la rentabilidad del capital invertido.

Al final somos todos, independientemente de nuestra cualificación (la cual únicamente determina nuestra exposición a los caprichos del sistema), meros elementos de usar y tirar para un sistema con una lógica de funcionamiento que muy poco tiene que ver con un modo justo y razonable de coordinar una sociedad humana.

Bibliografía básica

* Garzón, A. (2010): “La crisis de las hipotecas subprime en el pensamiento económico: Poskeynesianos, Radicales y Neomarxistas”. Mimeo, Universidad Complutense de Madrid, 27 pp.

* Harvey, D. (2006): Limits to capital. Verso, London.

* Husson, M. (2009): “Finanzas, hipercompetencia y reproducción del capital”, en Brunhoff, S. et al. (2009): Las finanzas capitalistas. Herramienta, Buenos Aires.

* Serfarti, C. (2003): “La dominación del capital financiero. ¿Qué consecuencias?”, en Chesnais, F. y Plihon, D. (2003): Las trampas de las finanzas mundiales. Akal, Madrid.

* Stockhammer, E. (2004): “Financialisation and the slowdown of accumulation”. Cambridge Journal of Economics, 28, pp- 719-741.

* Stockhammer, E. (2005): “Shareholder value orientation and the investment-profit puzzle”. Journal of Post Keynesian Economics, vol. 28, nº 2, pp 193-215.

Fuente: Blog de Alberto Garzón Espinosa

( Benjamín González durante la conferencia que pronunció, el pasado 1 de diciembre, en el hospital San Agustín de Avilés (fotografía: Ricardo Solís) )

Myriam Mancisidor , La Nueva España, 2 diciembre 2010

La industria farmacéutica gana poder

El doctor Benjamín González destaca la importancia de las empresas de fármacos y la influencia que ejercen en los médicos

"La industria farmacéutica tiende hacia el monopolio económico y el dominio en el campo de la investigación", sentenció ayer el médico del Hospital de Cabueñes (Gijón) y máster en bioética, Benjamín González, durante una conferencia que ofreció en el San Agustín bautizada «Medicalización, iatrogenia y ética de las relaciones con la industria farmacéutica». González destacó que ahora las empresas farmacéuticas - "onmipresentes y omnipotentes", recalcó- pueden dirigir su propia publicidad hacia el público que más les interese. Incidió, además, en la promoción que éstas hacen de sus productos entre los facultativos: "En España, la industria farmacéutica gasta de 8.000 a 13.000 euros por cada médico". Y confesó: "Los mejores vendedores de la enfermedad, capaces de convencer a los sanos de que realmente están enfermos, con toda una liturgia científica, somos nosotros".

En cuanto al papel de ciertos organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS), Benjamín González se preguntó cuál es su función realmente. «Hemos tenido un ejemplo claro con la gripe A y en España, concretamente, podemos hacer un seguimiento de todo el proceso de la vacuna del virus del papiloma humano para hallar respuestas», manifestó el médico, que hizo alusión a ciertos fármacos que con el paso de los años y después de tiempo en el mercado se han eliminado por factores adversos, algunos tan dañinos que ocasionaron la muerte de pacientes.

González hizo así un extenso repaso a la industria farmacéutica, a la medicalización, ética e iatrogenia (alteración dañina del estado del paciente producida por el médico).

Fuente: La Nueva España

(6 de diciembre de 2010)

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Notas

[1- Quien desee ampliar esta referencia, o a quien le pueda resultar excesivamente ideológica, léase el breve pero documentado análisis de Pedro Carlos González Cuevas "La crisis del liberalismo en Salvador de Madariaga".

[2A destacar el constante apoyo y confraternización, a lo largo del tiempo, de destacados jerarcas socialistas con un personaje como Madariaga: Luis Araquistain le recomendó para la corresponsalía del Times, que le abriría las puertas del famoseo y más tarde de la Sociedad de Naciones; su engendro de 1935, Anarquía y Jerarquía, gozó de las simpatías y complicidad -además del propio Benito Mussolini- de Julián Besteiro; y, más recientemente, el eurodiputado, candidato a la Xunta galega por el PSOE y uno de los dos únicos socialistas (junto a María Badía i Cutxet) que se negó a firmar la Declaración Escrita 12 que se oponía al acuerdo ACTA y a la falta de transparencia en las negociaciones de la misma, Antolín Sánchez Presedo, escribió el panegírico "Salvador de Madariaga, faro de libertad", incluído en el documento adjunto sobre Madariaga, entre cuyas aportaciones a la causa de la libertad y la democracia destacan su defensa del voto restringido y censitario, la negación por decreto y mediante estado corporativo de la lucha de clases, su admiración por el liberticida y genocida Mussolini, por cuya defensa y negativa a condenar sus atrocidades bélicas en África se vió forzado a renunciar a su trampolín en la Sociedad de Naciones, etc., etc.

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