En el marco de la 16ª edición de Biocultura, desarrollada en noviembre del 2000 en Madrid,
Apollinaire Dschoutezo (licenciado y doctor en Medicina Alternativa e investigador en
etnomedicinas), partió del funcionamiento del cuerpo y del sistema hormonal en la
menopausia para destacar la importancia del aporte de sustancias parecidas a los
estrógenos (presentes en plantas y alimentos, frutas, semillas y legumbres, y con una
estructura molecular parecida a la del organismo), a dosis elevadas y concentradas, como
camino natural para amortiguar los cambios que vive la mujer y para la autorregulación de
su cuerpo. Cuando desde diversos ángulos se cuestiona la terapia hormonal clásica, como
alternativa plausible y a condición de que sea no transgénica se nos presenta la soja.
Además de incluir otras aportaciones sobre las isoflavonas, se concluye con plantas para
las diversas alteraciones y cuidados en la menopausia.

Para el doctor Dschoutezo, las isoflavonas son un compuesto dentro de un determinado
grupo de alimentos, con una acción positiva sobre nuestro cuerpo. Éste necesita como
sustancias básicas diferentes ingredientes o nutrientes (hidratos de carbono, proteínas,
lípidos, agua, vitaminas, minerales, ácidos grasos esenciales, y sustancias fitonutritivas
o fitonutricionales por ejemplo las isoflavonas de soja) que son elementos básicos para
el funcionamiento adecuado del cuerpo y que toda dieta (sea mediterránea, macrobiótica,
ayurveda o china) debe proporcionar para no enfermar.

Partiendo de la división en grupos de alimentos (cereales, lácteos, carnes, pescados, frutas,
verduras, legumbres y semillas) resaltó que: "No es lógico ni sano vivir o pretender vivir sin
alguno de esos grupos, o sólo de un grupo de alimentos, excepto en una monodieta, que
puede ser de cualquier grupo de alimentos y durante un tiempo determinado para curar una
patología determinada". Para satisfacer las exigencias nutricionales del cuerpo, tanto el
hombre como la mujer necesitan de todos los nutrientes y de todos los grupos de alimentos
pero, por ejemplo, la soja carece de colesterol mientras que la carne sí tiene colesterol, una
persona que consume soja todos los días vive más y mejor que quien consume
habitualmente carne.

Constatada la importante función en el cuerpo de la estructura hormonal (hipófisis, glándulas
suprarrenales, tirosina, estrógenos,...), en el mantenimiento de la salud y en la recuperación
si hay enfermedad, y dada "la tendencia a desestabilizarse cuando no se genera
suficientemente, lo que le sucede en la vida a la mujer en la menopausia o en la
premenopausia, cuando sus ovarios no segregan la cantidad necesaria y el tipo de
hormonas que debe segregar, y que ha estado segregando hasta entonces". En la
menopausia, del cerebro de la mujer sale la orden para que de la hipófisis se segregue
estrógenos, pero el ovario ya no puede hacerlo y esa información vuelve negativa al
cerebro y altera las funciones emocionales de la mujer: "En la menopausia cambia su
comportamiento, su valoración, su capacidad de vivir, la vida matrimonial, también hay
cambios fisiológicos que hay que regular para evitar graves enfermedades en la zona
vaginal o en las mamas". Entre los síntomas, sofocos, pérdida de masa ósea del sistema
locomotor, trastornos circulatorios y varices, la piel pierde su brillo, los pechos caen, el pelo
pierde brillo, mayor tendencia a la depresión y enfados: "Si la mujer consume alimentos
ricos en fitoestrógenos, esos síntomas y patología es menor".

Para prevenir esa situación Apollinaire Dschoutezo propone los fitoestrógenos, presentes
en frutas, semillas y legumbres y con estructura molecular parecida a la del cuerpo, para
que éste se autorregule: "Alimentos que proveen de sustancias parecidas a los estrógenos,
camino natural para amortiguar esos cambios que vive la mujer, a veces pagando un precio
muy caro" -riesgos para la salud de los estrógenos sintéticos de la terapia hormonal
sustitutoria, porque el cuerpo llega a no absorberlos- " según sea su nivel de vida, la
confianza en sí misma, cómo experimenta la vida, cómo se nutre".

La mujer segrega dos hormonas, progesterona y estrógenos, que cumplen funciones a nivel
físico y emocional. Según Apollinaire, estrógenos y progesterona son hormonas antagónicas,
el cuerpo funciona mediante un sistema antagónico: "Los estrógenos hacen que la mujer
sea mujer, su morfología, sus rasgos femeninos, la pigmentación vaginal propia de mujer,
los pezones de mujer desarrollados durante el embarazo y lactancia. Los estrógenos hacen
que la mujer tenga más moco vaginal, para el dolor por escaso moco y sequedad de la
vagina es bueno el consumo de soja en su alimentación, de los fitoestrógenos de la soja.
Además, prepara los ovarios con más capacidad para recibir los espermatozoides, hay
relación de la infertilidad femenina con la ausencia o no de estrógenos, si faltan pueden
desarrollarse tumores, especialmente en el pecho. Los estrógenos promueven también la
salud ósea, que el hueso retenga los minerales que necesita, y posibilitan que la mujer
tenga en buen estado un tejido adiposo, graso, más desarrollado que el hombre. El
consumo de estrógenos de la soja mantiene la juventud, las mujeres japonesas, asiáticas,
siempre frescas, suaves, rejuvenecidas, muy pocas con la piel arrugada." La progesterona,
en cambio, "Es la hormona que hace que el feto pueda mantenerse en el cuerpo durante el
embarazo, también controla que no haya excesivos estrógenos".

Dschoutezo se refirió a los diversos fitoestrógenos (flavononas presentes en los cítricos,
flavonas en frutos rojos y amarillos, lignanos en verduras y cereales, casi todos, en
muy pequeña cantidad, flavonoles e isoflavonas presentes en mayor cantidad en las
leguminosas, especialmente la soja). Reflexionó después acerca de los estudios realizados
en torno a la dieta mediterránea y macrobiótica (asiática): "La conclusión es que la mujer
asiática sólo tiene un tercio de los síntomas de la mujer occidental al llegar a la menopausia,
¿Por qué?: por la alimentación, por el consumo muy frecuente de pescado y soja en
cualquiera de sus variedades, tofu, salsa tamari, leche y yogur de soja. Es bueno que la
mujer consuma soja, como mínimo tiene un 50% de garantía de no tener patología severa
en pecho y ovarios".

Propiedades de las isoflavonas
Hace 10-15 años se descubrió cómo funciona la soja, su función
terapéutica. En palabras de Apollinaire, de los estudios realizados en
laboratorios, y con un consumo regular y frecuente (de leche de soja en
polvo, soja en grano y más concentrada en cápsula), las isoflavonas
de soja tienen estas propiedades: antioxidante ("impide a las toxinas
adherirse a la pared celular"), antitumoral ("si propensión a tumores en
pecho y ovarios, consumo diario de soja o derivados con isoflavonas"), anticancerígena (en
mamas, colon y próstata), previene la osteoporosis ("consumo regular de isoflavonas para
que no pierda sus minerales"), previene la arterioesclerosis (endurecimiento de las arterias)
y cumple una función importante contra el colesterol ("especialmente la lecitina, que es el
30% de la masa cerebral, grasa que se utiliza y sirve para combatir las grasas de estructura
más densa, su consumo ayuda a desprender las moléculas de colesterol, y que también
contiene ácidos grasos esenciales e isoflavonas").

La presencia de isoflavonas en el cuerpo activa, además, la función inmunitaria de defensa,
una mayor actividad de los macrófagos y glóbulos blancos. Tienen las isoflavonas de la soja
otras propiedades, antivírica (frente a infecciones repetitivas), antiinflamatoria (frente a la
artrosis) y antibiótica. El consumo de alimentos ricos en isoflavonas (soja, alfalfa) también
se utiliza en terapia de cáncer de colon, uno de los más frecuentes porque la dieta habitual
no es la que debería ser. En su opinión, el grano no germinado aporta más sustancias
nutritivas que el grano germinado.

Apollinaire sostiene que "Las isoflavonas deben consumirse a dosis elevadas, en cantidad
necesaria para que tengan función terapéutica, que no se consigue comiendo un plato de
soja sino en productos elaborados donde se potencia una alta concentración de isoflavonas.
La soja es un alimento a consumir diariamente, como el arroz, pero ese consumo no es
suficiente para suplir la falta de estrógenos". Las isoflavonas de la soja fermentada (miso,
tempeh, tofu fermentado, salsa tamari) son más potentes que las de la soja natural, la
fermentación mejora la digestibilidad del alimento. Para las personas que no toleran la soja,
porque en la soja hay un inhibidor de la tripsina causante de gases, la intolerancia se evita
tostándola un poco antes de cocinarla: "En todas las legumbres, tostando un poco se
destruyen las enzimas que producen fermentación en el vientre".

La terapia hormonal
Para Marilyn Glenville (Menopausia natural, Integral, Barcelona, 1998) el principio de la
terapia hormonal sustitutoria (THS) es suministrar hormonas cuando se debilita la propia
producción, para evitar los sofocos, la sudoración nocturna y muchos de los restantes
síntomas de la menopausia. Muchas mujeres se sienten bien con ella pero, debido a
las preocupaciones que genera (aumento de peso, cambios psicológicos, sensaciones
suicidas y de estar ausentes, jaquecas, ...): "No es sorprendente que otras lleguen a la
conclusión de que los efectos secundarios que experimentan son peores que los síntomas
que la THS está destinada a curar".

Marilyn Glenville, dietista y experta en terapia nutricional, señala que en Estados Unidos
las compañías farmacéuticas están obligadas a declarar los riesgos de sus fármacos,
recogidos en el manual "The Physician's Desk Reference", que enumera los efectos
secundarios de la THS: cáncer de endometrio (útero), aumento o pérdida indeseable de
peso, blandura o aumento del tamaño de los senos, hinchazón, depresión, tromboflebitis
(inflamación de la pared de una vena), elevación de la tensión arterial, reducción de la
tolerancia a los hidratos de carbono, reducción de la tolerancia a la glucosa, erupciones
cutáneas, pérdida de cabello, calambres abdominales, candidiasis vaginal (vulvovaginitis),
ictericia, náuseas, vómitos y síndrome cistitoide.

Como alternativa natural a la THS, Glenville propone la terapia nutricional, que trata no
sólo de cómo alimentarse bien sino también de corregir cualquier deficiencia vitamínica
o mineral. Esta terapia nutricional se basa en el efecto de los alimentos que contienen
sustancias naturales como los fitoestrógenos -"concentraciones elevadas de fitoestrógenos
se encuentran en alimentos como la soja"- sobre las hormonas femeninas.

Investigaciones publicadas en el British Medical Journal demuestran que complementando
la dieta de las mujeres posmenopáusicas con soja y otros alimentos que contienen
fitoestrógenos, se reduce la concentración de FSH (hormona cuya cantidad aumenta en la
menopausia): "El efecto de los fitoestrógenos tiene, por ejemplo, consecuencias rápidas y
manifiestas en las células de la vagina, reduciendo su sequedad e irritación, ... demostrando
que la ingesta de fitoestrógenos es vital para combatir los síntomas menopáusicos, lo que
explica por qué las mujeres orientales, cuya dieta está constituida básicamente por soja,
raramente se quejan de sofocos u otros síntomas relacionados con la menopausia",
concluye Marilyn Glenville.

Influencia en la salud
Kerry Bone (Medicina Holística nº 60, Madrid, 2000), pasa revista a distintos estudios que
analizan la influencia de las isoflavonas de soja en la actividad hormonal de la mujer: "Se
puede concluir que el alto consumo de soja parece reducir los niveles de estrógenos en
plasma en las mujeres menopáusicas". Respecto al efecto de la soja sobre la densidad
ósea: "Al consumir proteína de soja aislada, se dieron aumentos significativos tanto en el
contenido mineral de los huesos como en la densidad ósea de la columna lumbar".

Con relación a los síntomas menopáusicos, Kerry Bone constata que la suplementación
con soja en la dieta produce mejoras significativas en los niveles de lípidos y lipoproteínas,
así como en la gravedad percibida de los síntomas vasomotores: las isoflavonas de soja
reducen, por ejemplo, la frecuencia de los calores súbitos.

Fitoterapia y menopausia
Jordi Camerino (Fitomédica nº 11, Barcelona, 1998) recomienda para tratar durante la
menopausia las alteraciones circulatorias vid roja, meliloto, hamamelis, castaño de indias,
ulmaria y ginkgo biloba. Frente a los sofocos, grosellero negro, salvia, melisa, aceite
esencial de albahaca y tomillo. Para el nerviosismo, ansiedad e insomnio, pasiflora,
valeriana, lúpulo, tila, sauce, espino blanco y lavanda. En caso de astenia, eleuterococo,
ginseng y damiana.

Como complementos alimentarios, lactobacillus (ayudan a mantener la flora intestinal y
vaginal, evitando infecciones en el tracto genitourinario), aceites de pescado (alto contenido
en ácidos grasos poliinsaturados que reducen el nivel de colesterol y triglicéridos y la
agregación plaquetaria, y con propiedades antiinflamatorias y antialergénicas) y aceite
de onagra (contiene los ácidos grasos esenciales necesarios para la síntesis de
prostaglandinas que actúan como moduladores hormonales).

En los cuidados generales en la menopausia destaca una alimentación equilibrada, rica
en vegetales frescos ("llevan sustancias de transformación hormonal"), aumentar la ingesta
de proteínas de origen vegetal (legumbres y cereales) y evitar el alcohol, café y tabaco.
También, realizar ejercicio físico ("mejora la adaptación hormonal, aumenta la capacidad
de oxigenación tisular, mantiene las estructuras óseas y musculares en forma y anula el
estrés"), mantener una vida sexual activa ("la mejor manera de mejorar la sequedad vaginal")
y vivir la menopausia como una prolongación de la madurez femenina y una etapa de
liberación ("ya no hay molestias en las reglas, ya no hay riesgo de embarazo ni necesidad
de preocuparse por la contracepción").

(artículo publicado en Conocer Arganzuela nº 99, diciembre de 2000)

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