Dr Marino Pérez: “La industria farmacéutica es la principal beneficiaria del invento del TDAH”

Te defines como conductista radical. ¿Puedes expresar tu manera de entender el conductismo?

Para mí el conductismo significa entender todos los fenómenos psicológicos, incluyendo el llamado mundo interior o eventos privados (típicamente sentimientos y pensamientos), en términos contextuales: en relación con los contextos en los que se aprenden y tienen las funciones que tienen. Valdría decir también en términos ecológicos. El adjetivo “radical” aplicado al conductismo se malentiende cuando se entiende como negación o rechazo del mundo interior. Este rechazo lo hicieron algunas versiones del conductismo por razones metodológicas, al considerar que el mundo privado no es observable y por tanto no sería apto para la ciencia. Pero el conductismo radical fundado por Skinner es radical precisamente por no excluir el mundo privado sino, al contrario, por estudiarlo por derecho propio, porque de hecho es observable. Su peculiaridad es que solo es observable para una única persona: el que está teniendo tal o cual experiencia. La cuestión es ver entonces cómo la sociedad enseña a los individuos a dar cuenta de su mundo privado y cómo éstos aprenden a hacerlo. Así, radical significa también ir a las raíces de los fenómenos psicológicos. Y estas raíces radican en el contexto de la cultura y de las prácticas sociales, empezando por la socialización y la educación desde la infancia. Otro aspecto distintivo del conductismo es el estudio de la conducta como objeto de la psicología y no la mente, el cerebro, la conciencia o el inconsciente. El conductismo radical continúa hoy bajo la denominación de contextualismo funcional, un nombre más afortunado.

Valoración del cognitivismo

¿Cómo valoras la evolución del cognitivismo?

Ciertamente, no lo valoro como un progreso de la psicología, por tres razones. En primer lugar, por su recaída en el dualismo, al suponer una mente interior (un fantasma en la máquina) que representa el mundo exterior, reduciéndolo a una representación mental. En segundo lugar, por su concepción mecanicista del funcionamiento psicológico al adoptar la metáfora del ordenador y el procesamiento de información como modelo de la mente, como si fuéramos ordenadores con patas y brazos. En tercer lugar, por su alianza con el cerebrocentrismo, al tratar de sustentar la mente en el cerebro, reduplicando el dualismo y el mecanicismo (una máquina en la máquina). De todos modos, no dejaría de citar una versión ecológica del cognitivismo como la de Ulrich Neisser, que repone el sujeto como un todo en relación con los contextos en los que la gente se desenvuelve, sin reducir el mundo a bits de información.

Criticas reiteradamente la tendencia de psicologizar todo tipo de problemas sociales. ¿Cómo se diferencian los problemas psicológicos de los psicologizados?

Bueno, es una distinción para introducir un punto de vista crítico en la concepción de los problemas cotidianos cuando se convierten en categorías diagnósticas, en vez de entenderlos como los problemas que son, a menudo normales. La psicologización es una variante de la medicalización de los problemas de la vida como lo es también la psiquiatrización. No se niegan los problemas, pero no por serlo son problemas psicológicos y los problemas psicológicos si es el caso no son enfermedades. Cuando problemas normales se convierten en psicológicos o psiquiátricos sería un problema psicologizado y cuando un problema propiamente psicológico se hace pasar por una “enfermedad mental” puede ser otra manera de psicologización excedida. Un ejemplo es el duelo: una gran pena por alguien o algo perdido, pero no por ello es un problema psicológico. Convertir el duelo en problema psicológico o psiquiátrico con un diagnóstico específico sería psicologizar una condición normal dadas las circunstancias. Otro ejemplo es el TDAH, cómo unas siglas convierten conductas normales de los niños en una categoría diagnóstica que implica ya más de lo que hay.

Siempre aprendiendo

Impresiona tu abanico de conocimientos de toda clase, no sólo psicológicos. ¿De dónde saca tanto tiempo un catedrático universitario para aprender tanto?

Sin asumir la amplitud de conocimientos que dices y por no chafar la pregunta diré que forma parte de mi profesión estar continuamente en formación. Por otra parte, entiendo que para saber psicología tienes que saber muchas cosas de otras disciplinas. La psicología es una disciplina interdisciplinar donde las haya. El que sólo sabe psicología, ni psicología sabe. Está el hecho también por lo que a mí respecta que ser crítico de concepciones establecidas (del cognitivismo, del cerebrocentrismo, de la psicología positiva y de los sistemas diagnósticos por citar algunos de mis frentes abiertos) obliga a estar al tanto de las concepciones contrarias. Además, tengo la suerte, aunque en esto me temo que no estaría de acuerdo mi familia, de mi afición por la lectura y siempre relacionada con temas entre manos, no por pasar el tiempo. Luego puede parecer que sabes hablar de todo cuando en realidad hablas de todo lo que sabes.

¿Quién se beneficia de la medicalización de problemas sociales que no son estrictamente patológicos? ¿Las farmacéuticas? ¿Los laboratorios?

Sin duda, la industria farmacéutica es la principal beneficiaria, ya que a través de patologizar problemas normales venden sus productos. La industria farmacéutica, que ciertamente no es una ONG, hace sus clientes convirtiendo a la gente en pacientes de algo, sin excluir a los niños. Todo ello sea dicho sin dejar de reconocer sus enormes esfuerzos y aportaciones en la creación de medicamentos. Con todo, la industria no es el único beneficiario. Los profesionales también beben y viven de ello. La administración pública saca igualmente “beneficio” contentando a unos y otros con la cobertura del gasto sanitario a costa a menudo de sobremedicar condiciones de dudosa entidad clínica o dejar de lado alternativas mejores. Pero es que hasta los pacientes se “benefician” de la medicación en el sentido y en la medida en que se eximen de su responsabilidad en cómo les va y en hacer lo necesario para mejorar su vida.

El TDAH

¿Usted certifica que el TDAH no existe igual que afirmó su creador el doctor Eisenberg meses antes de morir? ¿Por qué?

El TDAH no existe como entidad clínica que tenga un diagnostico objetivo y base neuropsicológica y genética como se supone. Es fácil de diagnosticar si alguien se lo propone, precisamente, porque se basa en apreciaciones acerca de conductas que resultan molestas para los adultos y acaso inconvenientes para ciertas tareas. Pero no por ser conductas problemáticas son indicativas de una enfermedad o trastorno definido. En nuestro libro Volviendo a la normalidad: la invención del TDAH y el trastorno bipolar infantil mostramos que no hay ninguna evidencia de que el TDAH sea una enfermedad y mostramos también por contra la cantidad de intereses y malentendidos para hacerlo pasar como una entidad clínica. El TDAH es al final una etiqueta desafortunada para referirse a conductas normales de los niños que, si suponen algún problema, éste se habría de abordar como tal, no como enfermedad, sino en términos de aprendizaje de la atención y el autocontrol necesarios según los contextos. El TDAH existe pero como desafortunada etiqueta diagnóstica inventada para justificar la medicación de los niños por hacer de niños. Una vez establecido en la infancia, donde lamentablemente está reconocido en la ley de educación (LOMCE), se extiende ahora a la vida los adultos.

Usted hace hincapié también en los efectos secundarios de la medicación. ¿Cuáles son sus peores consecuencias?

Aunque los padres y profesores refieren maravillas de un niño medicado, la medicación no está corrigiendo ningún desequilibrio químico que causara los “síntomas”, sino que es en realidad un dopaje. De hecho, la medicación que se da para el TDAH, típicamente estimulantes y anfetaminas, produce los mismos efectos con o sin ese diagnóstico. Las peores consecuencias a largo plazo son de dos tipos. Por un lado, la medicación no corrige el problema por el que se prescribe y a menudo excusa hacer lo necesario para solucionarlo, so pretexto de que la medicación está remediando la enfermedad. Por otro lado, la medicación como no es inocua puede en este caso ocasionar, como se sabe que hace, trastornos emocionales, alteraciones cardiovasculares y ralentización del crecimiento, como era de esperar de las anfetaminas, todo ello sin haber mejorado el rendimiento escolar. De hecho, la medicación para el TDAH está a largo plazo asociada a peor rendimiento, no a mejor

Asociación Vida Sana

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(3 de noviembre de 2015)